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William González Guevara regresa a Miami: la palabra que cambió un destino

William González Guevara regresó a Miami tres meses después de cerrar su gira de Cara de crimen, esta vez para compartir una historia mucho más íntima: su infancia en Nicaragua, el esfuerzo de su madre, la migración, la violencia y el poder transformador de la literatura. Al Sonar de la Marimba acompañó el encuentro como patrocinador y realizó su cobertura fotográfica y audiovisual. Miami ya conocía la poesía de William González Guevara. En junio de 2026, el escritor nicaragüense había llegado a la ciudad para cerrar la gira de Cara de crimen, en una visita marcada por la literatura, los reconocimientos y su vínculo permanente con Nicaragua. Tres meses después, William regresó. El sábado 5 de septiembre, The Vintage Room, en Doral, recibió el conversatorio “Una voz nicaragüense que conquista la literatura”, presentado por la Nicaraguan US Chamber of Culture and Commerce y conducido por Cristyana Somarriba. Si aquella primera visita permitió acercarse a su obra, esta nueva cita llevó al público mucho más atrás: al niño que creció en Managua, al hijo de una mujer que emigró a España buscando construirle otro futuro y al joven que encontró en los libros una alternativa frente a un entorno marcado por la violencia. William había aterrizado en Miami apenas unas horas antes. Aun después de participar en grandes escenarios literarios en España, reconoció que sentir el calor de la comunidad vinculada al país donde nació tenía para él un significado distinto. Una historia que comienza mucho antes de los premios Antes de las editoriales, los premios y los encuentros en grandes escenarios, estuvo el niño que pasó sus primeros años en Managua. Durante el conversatorio, William recordó un entorno familiar cercano al mundo de las pandillas y una infancia en la que algunos llegaron a señalarlo como alguien destinado a seguir aquel mismo camino. Pero dentro de esa realidad había otra fuerza: su madre, su abuela y los libros. En casa encontró antologías de Rubén Darío, Claribel Alegría y otros referentes de la literatura nicaragüense. Mientras afuera convivía con una realidad marcada por la violencia, la lectura comenzó a ofrecerle otro territorio. Su madre sería determinante. Emigró sola a España y trabajó durante años en el sector de la limpieza, llegando a sostener varios empleos mientras reunía los recursos necesarios para abrirle nuevas oportunidades a su hijo. William habló de ella sin lástima y sin convertir su sacrificio en una anécdota decorativa: “Yo soy hijo de una limpiadora y lo digo orgullosamente.” Recordó que algunos de los espacios que su madre había limpiado terminaron siendo salones en los que, años después, él mismo recitaría poesía. También contó una imagen que terminaría entrando en su literatura: el contacto constante con productos de limpieza llegó a deteriorar las huellas dactilares de las manos de su madre. Para William, aquel esfuerzo tuvo otro legado, menos visible pero más duradero: la educación, la palabra y el pensamiento crítico Cara de crimen: mirar la violencia desde el otro lado La relación entre cultura y violencia alcanzaría una de sus expresiones más intensas en Cara de crimen. William relató que durante varios años utilizó sus vacaciones universitarias y sus propios ahorros para recorrer países de Centroamérica y entrevistar a personas vinculadas al sicariato y las pandillas. Según contó aquella noche, habló con aproximadamente 35 sicarios. Pero su interés no era comenzar preguntando por los asesinatos. Quería volver primero a la infancia: saber cuál había sido su regalo favorito, qué recordaban de cuando eran niños, qué pérdidas habían marcado sus vidas. En una de aquellas entrevistas, un arma cargada permaneció sobre la mesa apuntando hacia él. William sabía que se había adentrado en un territorio peligroso, pero detrás de la investigación había también una deuda personal: comprender el mundo del que alguna vez otros imaginaron que formaría parte. El resultado fue una obra construida entre documentación y poesía, pero también una inversión poderosa de su propia historia: el niño señalado como posible integrante de una pandilla estaba ahora sentado frente a quienes habían seguido ese camino, haciendo preguntas en lugar de sostener un arma. Nicaragua, identidad y nuevos caminos Aunque gran parte de su formación académica y de su carrera se ha desarrollado en España, Nicaragua continúa atravesando su escritura. William lo resumió con una de las frases más contundentes de la noche: “España a mí me ha dado unas herramientas, pero mi país me ha dado la vena poética.” Nicaragua aparece en sus recuerdos, en Rubén Darío, en los juegos de infancia, en los sabores, en la familia y en esa experiencia de vivir entre dos territorios. También habló de una preocupación: los jóvenes de origen nicaragüense que crecen lejos del país y pueden terminar sintiéndolo como una realidad distante. Para él, la literatura se convierte así en una forma de conservar memoria y pertenencia. Después de años especialmente intensos de publicaciones, premios y viajes, González Guevara explicó además que quiere dedicar parte de su próxima etapa a acompañar a otros escritores. Su formación como filólogo, corrector y asesor editorial le permite ahora ayudar a autores que aspiran a entrar en el mercado editorial español y europeo.   Una noche de literatura y comunidad El encuentro, presentado por la Nicaraguan US Chamber of Culture and Commerce, contó con el respaldo de Adriana Paniagua, American Family Health Center, LG Luxury Realty, Solorzano Group, Miramar Arts, Artivistas Hispanos, Bravo Financial Group, Lopez Legal Group, Karla Lopez Fernandez y Al Sonar de la Marimba. En el área de bebidas participaron además Harveys y Fundador Pedro Domecq. La parte literaria de la noche cerró con “El sumi que no llegó a serlo”, un poema en el que William vuelve al niño que pudo haber seguido un camino completamente distinto y a la mujer que alteró ese destino: “Mi madre lo evitó vistiendo mi niñez con libros, poemarios y novelas.” Al finalizar el conversatorio tuvo lugar otro momento especial: la develación simbólica de la portada de la edición No. 27 de Al Sonar de la Marimba, publicada en julio de 2026

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William González Guevara cierra en Miami su gira de “Cara de crimen”

William González Guevara durante su visita a Miami para presentar “Cara de crimen” Lo que más conmovió a William González Guevara en Miami no fue un escenario ni un galardón, sino una cosa de horno: ese pan dulce tradicional, tan nicaragüense como la nostalgia. A pesar de ser un poeta reconocido por Forbes entre las “30 Promesas de Centroamérica 2025” y ganador del Premio Espasa de Poesía, lo que lo quebró frente al público de The Vintage Room fue ese sabor de infancia. Confesó que tenía casi quince años de no probar una, y la llevó a la boca como quien recupera, de golpe, un pedazo de patria. La velada literaria fue gestada y organizada por la periodista Leana Astorga, quien convocó a un grupo de personas y negocios para hacerla posible. El encuentro reunió a la comunidad el jueves 4 de junio de 2026 en The Vintage Room – Performing Arts Lounge, en Doral, y tomó forma de conversatorio. Allí, la propia Astorga dialogó con el poeta sobre Cara de crimen, el poemario que le tomó cinco años de viajes y entrevistas a pandilleros centroamericanos. También hablaron de las mujeres —abuela, madre y hermanas— que lo apartaron del camino de la violencia y lo entregaron al de la palabra. William González Guevara y el sabor de la patria La visita fue posible gracias al respaldo de quienes apuestan por la cultura. Pastelería Raíces se hizo presente con lo mejor de su repertorio: cosa de horno, maletitas y picos. Además, aprovechó la ocasión para estrenar su nuevo refresco de cacao, que William fue de los primeros en degustar con evidente deleite. A ese esfuerzo se sumó Fritanga La Chavala, que apoyó la logística del encuentro, y la diseñadora Ana Galán, de Galana Hand Made Jewelry. Entre versos y sabores, la velada recordó que la identidad también vive en lo que comemos y en lo que llevamos con nosotros adonde quiera que el destino nos lleve. Bajo el signo de Rubén Darío La visita de William estuvo marcada, de principio a fin, por la sombra tutelar de Rubén Darío. Entre los invitados a la velada, el Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos (CEPI) le entregó un Diploma de Reconocimiento por su aporte a la cultura latinoamericana, firmado por su presidente, César Lacayo, y su vicepresidenta, Ligia Guerrero. En otro momento de su paso por la ciudad, el Movimiento Mundial Dariano le impuso además la Medalla Rubén Darío. No deja de ser significativo: fue precisamente William quien reveló, en un reportaje, el fraude de los manuscritos falsificados de Darío que obligó a la Universidad de Harvard a rectificar. El círculo se cerró días después. Acompañado por Al Sonar de la Marimba, el poeta visitó el Parque Rubén Darío de Miami y se detuvo frente a la estatua del bardo. Ese monumento, levantado por el exilio nicaragüense en la West Flagler, recibió esa tarde a otro hijo del exilio. El poeta de la diáspora, frente al monumento de la diáspora: pocas imágenes resumen mejor lo que significa ser nicaragüense lejos de casa. Miami —ciudad de migrantes, de memorias, de historias centroamericanas tatuadas en sus calles— no pudo recibir a un visitante más apropiado. Al Sonar de la Marimba agradece a todos los que hicieron posible este encuentro, y muy especialmente a William González Guevara, que nos dejó con sus versos, con el sabor del cacao y con la certeza de que la poesía —la de verdad, la que duele— todavía tiene mucho que decirle a este mundo.

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