Al sonar de la marimba

By Ligia M. Houben

En este mes en el que celebramos el amor y la amistad, es importante recordar algo esencial: todo vínculo comienza con la relación que tenemos con nosotros mismos. El amor propio no es ajeno a nosotros ni un concepto abstracto; es la forma en que nos tratamos, nos hablamos y nos acompañamos cada día.

Amarnos implica primeramente aceptarnos de corazón. Es aprender a no convertirnos en nuestros peores jueces. Muchas veces, la crítica interna es más dura que cualquier comentario externo. El amor propio nos invita a cambiar esa conversación y empezar a vernos bajo otra luz. Nos invita a hablarnos con respeto, comprensión y cariño.

También tiene que ver con la autocompasión: reconocer que somos humanos, que sentimos, que atravesamos momentos difíciles y que no siempre tenemos todas las respuestas. No se trata de justificarnos, sino de entendernos y acompañarnos con cuidado, cuando la vida pesa y es un reto dar el siguiente paso.

El amor propio se expresa en acciones concretas: cuidar nuestro cuerpo, respetar nuestros límites, cuidar nuestra conversación interna, y elegir lo que nos hace bien: esto incluye alejarnos de aquello que nos desgasta o contamina. Es prestar atención a lo que es importante para nosotros, a lo que nos da sentido y propósito.

El crecimiento personal nace desde el amor, no desde la exigencia. Cuando nos aceptamos, el cambio se da más fácil pues es auténtico. La forma en que nos hablamos influye profundamente en cómo vivimos, cómo sanamos y cómo nos relacionamos.

Celebrar el amor también es elegirnos, honrarnos y tratarnos con la misma consideración que ofrecemos a quienes amamos. Jesús lo dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El amor empieza con nosotros mismos. ▄

Scroll to Top